Por: Pastor Roberto Carlos Ríos Hernández
BATALLA DE UNA MENTE JOVEN
Todos luchamos contra los malos pensamientos. Especialmente si eres joven, ese impulso a hacer lo malo es algo difícil de ignorar.
Nunca podré olvidar el momento en que escuché a un jovencito de la iglesia confesar los comentarios sexuales… que le había hecho a una jovencita.
Frente a su madre, éste joven admitió luchar con pensamientos impuros. Sus deseos sexuales y el manejo inexperto de ellos pesaban mucho sobre él.
Para cuando terminó de confesar este problema, todos estábamos llorando.
El problema que este jovencito enfrentaba no se limita a personas de esta edad. Muchos adultos han luchado y continúan luchando batallas similares en las profundidades de su mente.
Pero la inexperiencia y los cambios físicos durante la adolescencia y la juventud hacen a nuestros muchachos especialmente propensos a rendirse a deseos equivocados.
Muy temprano en la vida somos tentados y si no sabemos cómo enfrentar esas tentaciones probablemente terminaremos en pecado. (Santiago 1:14-15).
La Biblia llama a esta naturaleza pecaminosa: “nuestra carne”, y el denominador común en todos nosotros antes de conocer a Cristo es que ésta parte del ser nos gobierne.
¡BUENAS NUEVAS!
Los creyentes en Jesucristo no son perfectos, pero son diferentes.
Han sido perdonados de todos sus pecados y ya no son gobernados por la carne.
Habiendo nacido nuevamente por el Espíritu de Dios, los cristianos son controlados de manera progresiva por el Espíritu.
Día a día estamos aprendiendo a dejar que el Espíritu obre para que nuestra naturaleza pecaminosa no vuelva a surgir (Romanos 7:21-25; Gálatas 5:16-18).
En algunas ocasiones, la vieja naturaleza ( el dominio de la carne) de algunos cristianos muestra su fea cabeza, y vuelven a pecar.
Pero los verdaderos creyentes en Jesús fracasan sólo temporalmente, no permanentemente (Caen y tornan a levantarse) (1 Juan 3:9). Aunque el pecado permanece en su vida, no puede reinar allí (Romanos 6:11-14). ¡Esas son buenas noticias!
Y aun hay más: Cuando el pecado atosiga a los creyentes, un Padre fiel los perdona y los limpia, gracias a que Jesucristo pagó por sus pecados (1 Juan 1:9; 2:2).
Pero no podemos pensar que podemos acomodarnos a esperar que la gracia de Dios haga permanentemente lo que nosotros no vencemos. El apóstol nos cuestiona: ¿Qué pues perseveraremos en el pecado para que la gracia crezca? De ninguna manera.
El más grande peligro para los cristianos es el pecado que sucede como consecuencia de un corazón impenitente, de una vida en rebelión, de una vida que se ha abandonado al pecado negando la obra que el espíritu ha hecho en ella y que por lo tanto desafía a Dios.
Continuar pecando a propósito, hasta que la gracia de Dios se termina y no hay ya ningún sacrificio por nuestros pecados, se llama: apostasía (Hebreos 10:26) y es el pecado de muerte.
Quisiera compartir algunos consejos para librar victoriosamente la Batalla De La Mente:
SINTONIZÁRSE
Alejarse de la gracia de Dios no es algo deseable y puede evitarse.
Si usted es un creyente joven en Jesús, ahora debe sintonizarse para saber cómo le afecta su naturaleza pecaminosa y cómo salir victorioso de las muchas batallas que Satanás ponga en su camino.
Puede dar pasos para conservar sin caída su caminata cristiana durante cada tentación.
Veamos cómo:
Viva su fe 24/7 (24 horas al día/siete días a la semana). Si está en Cristo, ha sido justificado por Dios por su fe. ¡Puede estar seguro de ello!
Ahora pruébelo. Escoja vivir su fe todos los días. Cuando hace esto, usted muestra que su fe es verdadera y que el pecado no lo controla (Romanos 6:12-13).
¿Cómo puede combatir la naturaleza y los pensamientos pecaminosos? Dejando que Dios reine en su corazón y mente (Salmo 139:23-24). Permita que Él le muestre las cosas que no le agradan. Tome una determinación de servir a Dios con todo su ser en cada área de su vida – la diversión, las amistades, la escuela – y busque usted mismo cuidadosamente aquellas áreas que aun no ha sometido a la voluntad de Dios (1 Crónicas 28:9).
Prométase a usted mismo que no pensará o hará cosas que comprometan su integridad ante Dios.
Cuando sienta la tentación pregúntese: “¿Por qué tengo estos malos pensamientos?” (Job 31:1; Mateo 9:4).
Peor aún, imagínese a Jesús haciéndole esa pregunta, ¿Cuál sería su contestación? - ¡Sal de Allí! Así le dijo Pablo al joven Timoteo, “huye de las pasiones juveniles” (2 Timoteo 2:22).
Huir no es aceptable en la juventud de hoy en día, pero porque el concepto no se alcanza a comprender. No se trata de provocarnos a ser cobardes, la idea debe entenderse como: “correr en la dirección contraria” y es lo correcto para un creyente.
Los cristianos debemos huir de la idolatría e inmoralidad sexual (1 Corintios 6:18; 10:14).
La Biblia registra éste otro tipo de huida. Santiago escribe que debemos someternos a Dios y resistir al Diablo y el huirá de nosotros (Santiago 4:7).
Someternos a Dios implica una práctica diaria en busca de: la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre (1 Timoteo 6:11). Seguir lo correcto es lo mismo que ir en dirección contraria (huir) a la tentación.
La dirección hace la diferencia. Recuerde, cuando huye de la tentación para buscar la justicia, el Diablo huirá de usted.
EVITAR O REEMPLAZAR
Usted puede evitar muchos pensamientos pecadores al no exponerse a lo que le tienta.
Idealmente, no debería dar oportunidad a la tentación desde el comienzo. Esto puede ser lo más difícil, porque nosotros seguimos lo que nos atrae. El pecado es atractivo. El joven que mencioné veía las cosas que le atraían, pero comprometió su andar cristiano y se expuso más a la tentación.
Hace algunos años, prometí nunca más ver películas o videos para adultos. Hice esto porque mis pensamientos se estaban comprometiendo más y más y endureciéndose con la violencia y el lenguaje de esas películas.
Un sentimiento limpio vino sobre mí cuando hice esa promesa. ¡La convicción es tranquilizante! Cuando parece que no puede evitar los malos pensamientos, reemplácelos con pensamientos santos.
Pablo nos ayuda con una lista: “Todo lo que es verdadero. . . honesto. . . justo. . . puro. . . amable. . . de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8). Este es el enfoque proactivo.
LEVÁNTESE Y ORE
“Fortaleceos en el Señor”, aconseja el apóstol Pablo.
Busque Efesios 6 en su Biblia y comience leyendo desde el verso 10.
Mientras lee sobre la armadura de Dios, póngase cada una de las piezas; una a la vez, en oración.
1. El yelmo. Confíe hoy nuevamente en Jesús como el Salvador, confesando sus pecados.
2. La coraza. Pídale poder obrar en justicia, por fe.
3. El escudo. Diga al Señor que usted cree todo lo que Él dice en su Palabra.
4. La espada. Comience a leer y estudiar la Palabra de Dios regularmente.
5. El cinturón. Pida a Dios que le revele su verdad, viva y escrita.
6. Las sandalias. Haga una decisió0n de compartir el Evangelio con otros.
Con toda la armadura puesta, usted no estará expuesto a los ataques de Satanás.
En lugar de eso, no sólo se mantendrá firme, sino que también lo hará huir y usted permanecerá como campeón en el campo de batalla.
La clave está en orar sobre todo y por todo.
Cuando se comunica con el Comandante del ejército de creyentes, Él le faculta para resistir y derrotar al enemigo.
Los creyentes nacidos de nuevo en Cristo Jesús comprenden dos cosas:
Primero, nosotros todavía luchamos contra el pecado, pero hay una diferencia entre los pensamientos y pecados contra los que luchamos y a los cuales nos enfrentamos y aquellos pensamientos a los cuales nos complace abandonarnos aún sin luchar (los que nacen del gobierno de la carne en nuestras vidas).
Segundo, Dios siempre nos ama y nos perdona y declara que el pecado ya no gobierna sobre nosotros como señor.
Mientras más pronto aprenda esto, mejor será su andar cristiano.
¡Puedes lograrlo!
NOTA. El pastor Roberto Ríos es Ministro de La Iglesia De Dios. 7º Día en Costa Rica, Centro América.
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