martes, 9 de agosto de 2011

BATALLA DE UNA MENTE JOVEN

BATALLA  DE  UNA  MENTE  JOVEN
Todos luchamos contra los malos pensamientos. Especialmente si eres joven, ese impulso a hacer lo malo es algo difícil de ignorar.
 Nunca podré olvidar el momento en que escuché a un jovencito de la iglesia confesar los comentarios sexuales… que le había hecho a una jovencita.
 Frente a su madre, éste joven admitió luchar con pensamientos impuros. Sus deseos sexuales y el manejo inexperto de ellos pesaban mucho sobre él.
Para cuando terminó de confesar este problema, todos estábamos llorando.
El problema que este jovencito enfrentaba no se limita a personas de esta edad. Muchos adultos han luchado y continúan luchando batallas similares en las profundidades de su mente.
 Pero la inexperiencia y los cambios físicos durante la adolescencia y la juventud hacen a nuestros muchachos especialmente propensos  a rendirse a deseos equivocados.
 Muy temprano en la vida somos tentados y si no sabemos cómo enfrentar esas tentaciones probablemente terminaremos en pecado.  (Santiago 1:14-15).
 La Biblia llama a esta naturaleza pecaminosa: “nuestra carne”, y el denominador común en todos nosotros antes de conocer a Cristo es que ésta parte del ser nos gobierne.
¡BUENAS NUEVAS!
Los creyentes en Jesucristo no son perfectos, pero son diferentes.
Han sido perdonados de todos sus pecados y ya no son gobernados por  la carne.
Habiendo nacido nuevamente por el Espíritu de Dios, los cristianos son controlados de manera progresiva por el Espíritu.
Día a día estamos aprendiendo a dejar que el Espíritu obre para que nuestra naturaleza pecaminosa no vuelva a surgir (Romanos 7:21-25; Gálatas 5:16-18).
En algunas ocasiones, la vieja naturaleza  ( el dominio de la carne) de algunos cristianos muestra su fea cabeza, y vuelven a pecar.
 Pero los verdaderos creyentes en Jesús fracasan sólo temporalmente, no permanentemente (Caen y tornan a levantarse) (1 Juan 3:9). Aunque el pecado permanece en su vida, no puede reinar allí (Romanos 6:11-14). ¡Esas son buenas noticias!
Y aun hay más: Cuando el pecado atosiga a los creyentes, un Padre fiel los perdona y los limpia, gracias a que Jesucristo pagó por sus pecados (1 Juan 1:9; 2:2).
Pero no podemos pensar que podemos acomodarnos a esperar que la gracia de Dios haga permanentemente lo que nosotros no vencemos. El apóstol nos cuestiona: ¿Qué pues perseveraremos en el pecado para que la gracia crezca? De ninguna manera.
El más grande peligro para los cristianos es el pecado que sucede como consecuencia de un corazón impenitente, de una vida en rebelión, de una vida que se ha abandonado al pecado negando la obra que el espíritu ha hecho en ella y que por lo tanto desafía a Dios.
Continuar pecando a propósito, hasta que la gracia de Dios se termina y no hay ya ningún sacrificio por nuestros pecados,  se llama: apostasía (Hebreos 10:26) y es el pecado de muerte.
Quisiera compartir algunos consejos para librar victoriosamente la Batalla De La Mente:
SINTONIZÁRSE
Alejarse de la gracia de Dios no es algo deseable y puede evitarse.
 Si usted es un creyente joven en Jesús, ahora debe sintonizarse para saber cómo le afecta su naturaleza pecaminosa y cómo salir victorioso de las muchas batallas que Satanás ponga en su camino.
Puede dar pasos para conservar sin caída su caminata cristiana durante cada tentación.
Veamos cómo:
 Viva su fe 24/7 (24 horas al día/siete días a la semana).  Si está en Cristo, ha sido justificado por Dios por su fe. ¡Puede estar seguro de ello!
Ahora pruébelo. Escoja vivir su fe todos los días. Cuando hace esto, usted muestra que su fe es verdadera y que el pecado no lo controla (Romanos 6:12-13).
¿Cómo puede combatir la naturaleza y los pensamientos pecaminosos? Dejando que Dios reine en su corazón y mente (Salmo 139:23-24). Permita que Él le muestre las cosas que no le agradan. Tome una determinación de servir a Dios con todo su ser en cada área de su vida – la diversión, las amistades, la escuela – y busque usted mismo cuidadosamente aquellas áreas que aun no ha sometido a la voluntad de Dios (1 Crónicas 28:9).
 Prométase a usted mismo que no pensará o hará cosas que comprometan su integridad ante Dios.
Cuando sienta la tentación pregúntese: “¿Por qué tengo estos malos pensamientos?” (Job 31:1; Mateo 9:4).
Peor aún, imagínese a Jesús haciéndole esa pregunta, ¿Cuál sería su contestación? - ¡Sal de Allí! Así le dijo Pablo al joven Timoteo, “huye de las pasiones juveniles” (2 Timoteo 2:22).
 Huir no es aceptable en la juventud de hoy en día, pero porque el concepto no se alcanza a comprender. No se trata de provocarnos a ser cobardes, la idea debe entenderse como: “correr en la dirección contraria” y es lo correcto para un creyente.
Los cristianos debemos huir de la idolatría e inmoralidad sexual (1 Corintios 6:18; 10:14).
La Biblia registra éste otro tipo de huida. Santiago escribe que debemos someternos a Dios y resistir al Diablo y el huirá de nosotros (Santiago 4:7).
Someternos a Dios implica una práctica diaria en busca de: la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre (1 Timoteo 6:11). Seguir lo correcto es lo mismo que ir en dirección contraria (huir) a la tentación.
 La dirección hace la diferencia. Recuerde, cuando huye de la tentación para buscar la justicia, el Diablo huirá de usted. 
EVITAR O REEMPLAZAR
Usted puede evitar muchos pensamientos pecadores al no exponerse a lo que le tienta.
 Idealmente, no debería dar oportunidad a la tentación desde el comienzo. Esto puede ser lo más difícil, porque nosotros seguimos lo que nos atrae. El pecado es atractivo. El joven que mencioné veía las cosas que le atraían, pero comprometió su andar cristiano y se expuso más a la tentación.
Hace algunos años, prometí nunca más ver películas o videos para adultos. Hice esto porque mis pensamientos se estaban comprometiendo más y más y endureciéndose con la violencia y el lenguaje de esas películas.
 Un sentimiento limpio vino sobre mí cuando hice esa promesa. ¡La convicción es tranquilizante! Cuando parece que no puede evitar los malos pensamientos, reemplácelos con pensamientos santos.
 Pablo nos ayuda con una lista: “Todo lo que es verdadero. . . honesto. . . justo. . . puro. . . amable. . . de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8). Este es el enfoque proactivo.

LEVÁNTESE Y ORE
 “Fortaleceos en el Señor”,  aconseja el apóstol  Pablo.
Busque Efesios 6 en su Biblia y comience leyendo desde el verso 10.
Mientras lee sobre la armadura de Dios, póngase cada una de las piezas; una a la vez, en oración.
1. El yelmo. Confíe hoy nuevamente en Jesús como el Salvador, confesando sus pecados.
2. La coraza. Pídale poder obrar en justicia, por fe.
3. El escudo. Diga al Señor que usted cree todo lo que Él dice en su Palabra.
 4. La espada. Comience a leer y estudiar la Palabra de Dios regularmente.
5. El cinturón. Pida a Dios que le revele su verdad, viva y escrita.
6. Las sandalias. Haga una decisió0n de compartir el Evangelio con otros.
Con toda la armadura puesta, usted no estará  expuesto a los ataques de Satanás.
 En lugar de eso, no sólo se mantendrá firme, sino que también lo hará huir y usted permanecerá como campeón en el campo de batalla.
La clave está en orar sobre todo y por todo.
Cuando se comunica con el Comandante del ejército de creyentes, Él le faculta para resistir y derrotar al enemigo.
Los creyentes nacidos de nuevo en Cristo Jesús comprenden dos cosas:
 Primero, nosotros todavía luchamos contra el pecado, pero hay una diferencia entre los pensamientos y pecados contra los que luchamos y a los cuales nos enfrentamos y aquellos pensamientos a los cuales nos complace abandonarnos aún sin luchar (los que nacen del gobierno de la carne en nuestras vidas).
Segundo, Dios siempre nos ama y nos perdona y declara que el pecado ya no gobierna sobre nosotros como señor.
Mientras más pronto aprenda esto, mejor será su andar cristiano.
¡Puedes lograrlo!
NOTA. El pastor Roberto Ríos es Ministro de La Iglesia De Dios. 7º Día en Costa Rica, Centro América.

domingo, 24 de julio de 2011

 Valores Cristianos.




Valores Cristianos. La Decencia.

DECENCIA  (Definición)

 Valor moral que nos impide avergonzar o herir la sensibilidad ajena, respetando las buenas costumbres o las conveniencias sociales. Es el valor que da dignidad a nuestros pensamientos, a nuestras palabras y a nuestros actos.

DECENTE (Definición)

  Aplicase a una persona limpia, aseada y arreglada, en cuya conducta o estilo de vida se pueden apreciar valores y costumbres de buena calidad y en cantidad suficiente.

 Todos nosotros podemos aplicar un poco de sentido común y ver que a nuestro alrededor la mayoría de los seres humanos ha dejado de practicar éste valor cristiano (Decencia).

 Pareciera que el ambiente que nos rodea se ha diseñado para rechazar las buenas costumbres y cerrar los oídos a toda norma moral.

 Las personas suelen perder el respeto por las buenas costumbres y al hacerlo terminan perdiendo el respeto por sí mismas y por sus semejantes. Hemos dejado de preocuparnos por la sensibilidad de nuestro prójimo en un falso intento de ser sinceros o francos.

 Es esa falta de sensibilidad la que nos ha llevado a toda clase de delincuencia: violaciones, asaltos, homicidios, abuso de drogas, etc.; son el día a día del común de las personas.

 En medio de toda ésa incapacidad de ser sensibles, es refrescante encontrar personas capaces de compadecerse ante el dolor ajeno, sensibles a la necesidad de sus semejantes, respetuosos a las ideas de su prójimo aunque estas difieran de las suyas.

 Debemos ser los Hijos de Dios los que sostengamos el estandarte de la decencia, los que vivamos este valor como un principio que rija nuestras acciones, los que mostremos al mundo que se puede alcanzar mejor gozo cuando renunciamos a herir la sensibilidad de nuestro vecino.

 Las Escrituras nos muestran que la decencia es un valor que Dios espera exista en todos sus hijos:

“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad”. 2ª Timoteo 2: 15.

 Conforme el hombre espiritual crece y se forma en nuestro interior, desarrolla cualidades que nos transforman y nos permiten pulir nuestra personalidad y conducta de tal forma que dejamos de avergonzar a los demás, logramos evitar el sentir vergüenza de nosotros mismos y finalmente somos capaces de honrar, es decir de hacer sentir a nuestros semejantes satisfacción y orgullo debido a su relación con nosotros.

Quisiera mediante el estudio de las Sagradas Escrituras proponerte una estrategia de dos pasos para conseguir que nuestras acciones sean agradables a Dios y a los hombres.

 Mientras estudiamos, te invito a reflexionar sobre el nivel en que has logrado vivir el valor moral de la decencia.


Nuestra Forma de Pensar. 

 Vamos a suponer que eres una persona expresiva y disciplinada y que al final de cada día te tomas el trabajo de escribir en tu diario los pormenores de tus actos, anotas con cuidado la impresión que te causan tus amigos, tus familiares, tus vecinos...pero vas mas allá y anotas tus sentimientos hacia ellos; describes con cuidado las reacciones que tienes frente a cada conocido y también anotas tus aspiraciones, tus sueños, tus deseos y....tu nombre.

 Ahora vamos a sacar copias a tu diario y lo hemos de distribuir entre todos tus conocidos.

 ¿Te sentirías avergonzado si los demás conocieran realmente tus pensamientos?, ¿lastimarías a alguien si se diera cuenta al leer tu diario de lo que realmente piensas acerca de él?

 Y si ahora te digo que será Dios quien revise tus pensamientos, ¿Cómo te sientes?

Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda”. Salmos 139: 1 al 4

 Pues bien, la decencia comienza cuando tomas el control de tus pensamientos y te propones trabajar con ellos; los seleccionas en categorías y guardas solamente aquellos que son capaces de edificarte a ti o de servir a tu prójimo, aquellos de los que no te avergonzarías de mostrárselos al mismo Dios y el resto los desechas.

 ¿Parece fácil no? ...Realmente es muy difícil y solo se logra después de mucha disciplina y esfuerzo.

 Jesús enseñó que hemos de responder ante Dios aún por nuestros pensamientos:

“Oíste que fue dicho: no cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón”. Mateo 5: 27-28

En este verso el maestro no pretendía solamente asustar a quienes van por la vida pensando en satisfacer sus deseos carnales.

 Mas bien, el asunto detrás de la letra en este texto es que Dios nos está haciendo responsables no solo de nuestras acciones sino también de nuestros pensamientos y sentimientos,...es como: una invasión a la privacidad.

 A veces pensamos que al maquinar pensamientos inicuos no avergonzamos a nadie pues nadie se da cuenta, Job nos hace ver lo contrario:

“Respondió Job a Jehová, y dijo: Yo conozco que todo lo puedes, Y que no hay pensamiento que se esconda de ti”. Job 42: 1-2

“Abominación son a Jehová los pensamientos del malo; Mas las expresiones de los limpios son limpias”. Salmo 15: 26

 De forma, que podemos asegurar que nuestros malos pensamientos avergüenzan al Todopoderoso porque somos sus hijos y por consiguiente nos hacen lucir viles a sus ojos.

 ¿Como reparar nuestros pensamientos?, conviene comenzar por pedir a Dios que haga una evaluación o diagnostico de ellos:

“Examíname, Oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno”. Salmo 139: 23-24.

 Lógicamente la primera vez que hagamos este ejercicio saldremos muy mal evaluados, pero no es momento de temer sino de poner manos a la obra, debemos emprender con empeño el proceso de aprender a pensar con limpieza, con rectitud, con propósito.

De la calidad de nuestros pensamientos depende en que clase de personas nos convertimos:

“Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él”.  Proverbios 23: 7

Algunos estarán pensando que es imposible limpiar nuestra mente.

Dejar de maquinar perversidades o desistir de hacer subir a nuestra mente pasiones desordenadas parece una tarea imposible, pero el sabio nos muestra que se puede lograr:

“Los pensamientos de los justos son rectitud...”. Proverbios 12:5

 El primer paso a dar es suplicar a Dios su ayuda, su intervención, su consejo:

“Encomienda a Jehová tus obras, y tus pensamientos serán afirmados”. Proverbios 16: 3

 Es probable que como consecuencia de encomendarnos a Dios, Él comience a estorbar algunas de las cosas que nos deleita hacer; a proponernos otras que consideramos bobas o aburridas y en general a interferir en nuestra vida, adaptándola al nuevo estilo de persona en quien pretende convertirnos.

 Debemos estar listos para ello, debemos orillarnos y permitir que Él sea el piloto:

“El corazón del hombre piensa su camino; Más Jehová endereza sus pasos”. Proverbios 16: 9

 El siguiente paso será  reflexionar acerca de las cosas que mantienen ocupada nuestra mente.

 Iniciemos con los recuerdos.
 Recordar es hacer un repaso mental de lo que hemos visto, oído o hecho.

 Si nuestro tiempo se ha despilfarrado en compañía de vagos, hemos escuchado sus conversaciones y sido espectadores de sus malas acciones luego nuestros pensamientos divagarán haciéndonos recordar sus maldades.

 O si por ejemplo, hemos dejado transcurrir horas frente al televisor; luego, en los momentos de quietud recordaremos las imágenes, la forma de expresarse, la forma de reaccionar de los artistas y estaremos rumiando permanentemente los mensajes a que sometimos nuestra mente.

 Por otro lado, si dedicamos el tiempo a servir a nuestro prójimo, a compartir con otros las enseñanzas del evangelio, a meditar en su ley o a orar. Luego, al venir recuerdos a nuestra mente serán pensamientos de paz, de gozo, de edificación.

“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; Sino que en la ley de Jehová está su delicia, Y en su ley medita de día y de noche”. Salmos 1: 1-2

 Al final de cada día, evalúate y determina en base a este verso; si has o no, ganado tu bendición.

 Hemos determinado la importancia que tienen nuestros recuerdos y la influencia que tienen sobre nuestros pensamientos.

Ahora, ¿En qué otra cosa se ocupa nuestro pensamiento?
En resolver el presente: ¿qué haré hoy? ¿Cómo proveeré a mi necesidad?

 Pues bien, está parte se resuelve cuando nos sometemos a la voluntad de Dios, renunciamos a hacer nuestra voluntad y sometemos nuestro pensamiento a Dios:

“Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar”. Isaías 55: 7

 Una vez que hemos obtenido el perdón de Dios y establecido comunión con El, estamos en condiciones de ocuparnos de nuestro presente sabiendo que el hijo de Dios dispone para sí de todo lo que necesite.

“Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos. Y otra vez: El Señor conoce los pensamientos de los sabios, que son vanos. Así que, ninguno se gloríe en los hombres; porque todo es vuestro...  y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios”. 1ª Corintios 3: 20- 23

 Entonces, nuestros pensamientos deben  enfocarse a mantener coherentes nuestros actos con respecto a nuestra relación con Dios; resolviendo cada día las cosas que se presentan, sin angustias, sin preocupaciones excesivas, confiando en la protección y el cuidado que Dios tiene de sus hijos.

Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.” Mateo 6:34

 Respecto a la planificación del futuro, el hijo de Dios sabe que lo que le corresponde es prepararse material y espiritualmente para enfrentar las cosas en que se  requieran sus servicios a futuro.
Es decir, debemos planificar sobre bases muy amplias a fin de permitirnos un amplio margen de maniobra.

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.” Romanos 8: 14

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”
Romanos 8: 28

 Otra de las cosas que suelen ocupar nuestra mente son los pensamientos que nos permiten descansar, esparcirnos y hasta desconectarnos un tanto de la realidad que nos rodea.

 Para algunos, es necesario invertir mucho dinero en paseos de fantasía. Otros, hacen viajes imaginarios inducidos por el consumo de drogas.
Nosotros, los hijos de Dios usamos la fe y estudiamos las promesas deleitándonos en imaginar las cosas que Dios ha prometido para aquellos que le aman.

 Finalmente, diremos que nuestros pensamientos se volverán cada vez más positivos a medida que aprendamos que nuestra mente funciona como un archivador o como el disco duro de una computadora de la que tomamos ideas o pensamientos que hemos almacenado previamente.

 Si en nuestra memoria guardamos cosas sucias luego sacaremos de ella cosas sucias, en cambio si guardamos cosas positivas luego podremos extraer de ella cosas positivas.

“El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas.” Mateo 12:35

Nuestra Forma de Sentir

 Muchas personas comparten el criterio de que sobre el corazón no se manda, es decir que piensan que es imposible manejar nuestros sentimientos.

 Hasta hay un dicho popular que sostiene que “el amor es ciego”.

 Los hijos de Dios sabemos que esto no es cierto.
 Aunque exige de entrenamiento y disciplina especiales, es posible tomar el control de nuestros sentimientos.

 Los sentimientos se controlan, es más no solo se controlan sino también se manipulan.

 Al que no ha sido ejercitado en esta lucha le resulta difícil creer lo que afirmo, pero si lo analizas verás que tengo razón. ¿Como si no, sería posible cumplir la divina orden: “amarás a tus enemigos”?

 Sólo si aprendemos a transformar un sentimiento tan fuerte como el odio y lo convertimos en amor habremos aprendido el arte del alquimista, y entonces estaremos en capacidad de seguir algunos de los principios cristianos más difíciles.

 Así como hemos comparado nuestra mente con el archivo principal de una computadora, diremos que en general el ser humano, reacciona a determinados estímulos según lo hayamos programado previamente.

La educación es una forma de programar al individuo para reaccionar frente a dificultades parecidas a las simuladas en el aula.
Por ejemplo, cada vez que un muchacho desea saber cuanto dinero ganó dedicando su domingo a podar jardines, simplemente suma lo que ha recolectado y entonces obtiene el resultado que desea.

Hay formas más sofisticadas de programar nuestras reacciones frente a circunstancias especiales; el muchacho que asiste a un gimnasio de artes marciales, aprende a programar su mente y su cuerpo para reaccionar de manera específica frente a una agresión.

Un oficial de policía se ha entrenado para reaccionar de manera diferente dependiendo de si enfrenta a un delincuente desarmado o armado.

El oficial de bomberos se ha entrenado para usar procedimientos diferentes dependiendo de si hay vidas en riesgo o no. Si las hay, se reacciona de forma más agresiva y se toman riesgos que en caso de no haber vidas de por medio no se tomarían, aunque existiese la posibilidad de que los daños materiales aumentasen.

¿Cómo espera la sociedad que reaccione un joven frente a la posibilidad de tener una relación sexual? ¿Y cómo se espera que reaccione una chica frente a la misma situación?
Nada complicado, esperamos que ambos reaccionen conforme han sido entrenados para tomar decisiones y de acuerdo a como les hemos educado para hacerlo.

Al joven, se le pedirá que actúe siendo caballero y considerado pero muy decidido, se espera que no deje pasar por alto una oportunidad así, porque eso dejaría en tela de duda su virilidad y además se espera de él que usando su inteligencia use protección.

A la joven en cambio, se le exigirá que evite situaciones y lugares en las que pueda verse comprometida, que exija se le respete y se niegue a cualquier proposición deshonesta. En todo caso deberá encontrar la forma de rechazar el ofrecimiento de la relación sexual so pena de ser considerada una cualquiera.

¿Qué hace posible que ante la atracción sexual el hombre y la mujer reaccionen de forma tan diferente? La educación y el entrenamiento.

De esta manera llegamos a la conclusión de que los sentimientos y las pasiones pueden ser manejados, controlados o manipulados por la persona que se ha entrenado para hacerlo.
Veámoslo desde el punto de vista bíblico:

El apóstol Pablo requiere de los hermanos en la ciudad de Corinto que amonesten a uno de entre ellos que avergonzaba el ministerio practicando cosas que ni aún se mencionaban entre los gentiles.

 Con el tal ni aun comáis…, no hablen con él, no lo visiten, ignórenlo, abandónenlo; parece una actitud incoherente con lo que es el diario vivir de un Hijo de Dios.

 Pero era necesario que los hermanos ayudaran a hacerlo comprender la magnitud de su desvarío, el propósito detrás de la orden era hacerlo sentir culpable y que la culpa lo moviera al arrepentimiento.

 Sin embargo, cuando el propósito se hubo logrado el apóstol vuelve a requerir de los hermanos en Corinto que cambien su manera de sentir:

“Le basta a tal persona esta reprensión hecha por muchos; así que, al contrario, vosotros más bien debéis perdonarle y consolarle, para que no sea consumido de demasiada tristeza. Por lo cual os ruego que confirméis el amor para con él.          2ª Corintios 2:6

Primero: no le hablen, luego: háblenle, ámenle y consuélenle, ¿acaso no es eso manipular los sentimientos?

Dios nos dio la capacidad de manejar nuestros sentimientos y nos exige que ejercitemos esa capacidad:

Bendecid a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis. Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión. No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.”  Romanos  12: 14 al 18 

¿Que considera el mundo como normal? ¿Que pidamos a Dios cosas buenas para los que nos aborrecen? ¿Qué seamos generosos con el que procura hacernos daño?, claro que no.

El mundo esperaría que fuésemos implacables. Que hiciéramos llover fuego sobre el que dice mal de nosotros; que provocásemos que la tierra se abra y trague a aquel que procura hacernos daño.

Sin embargo, Dios espera de nosotros algo diferente.

Que contengamos nuestros sentimientos y los transformemos:

“Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición.”
1ª Pedro 3: 8, 9

Si aún no estás convencido de que es posible tomar control sobre nuestros deseos o sentimientos, te reto a hacerte una pregunta:

Si alguien te ofreciera hoy el poder escoger entre ser un hombre pobre o uno rico, ¿Qué escogerías?

El sentido común lleva a escoger la comodidad y el bienestar de la riqueza, pero el Hijo de Dios ve más allá y a veces escoge lo que otro no tomaría para sí:

“Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón.”
Hebreos 11: 24, 26

¿No es un hermoso ejemplo de cómo un hombre de Dios controla sus deseos o sentimientos?

Hemos dicho entonces que para poder vivir la decencia que Dios exige de sus hijos, es necesario ejercitarse a diario en dos aspectos fundamentales:

a)      El control sobre nuestra forma de pensar.
b)      El control sobre nuestra manera de sentir.

Siendo diestros en la práctica de los literales anteriores, resulta mucho más sencillo pensar en que hemos de poner bajo control nuestra manera de actuar.

Al tomar control de nuestros pensamientos y sentimientos, también tomamos control sobre nuestros actos y podemos cumplir el mandamiento:

No den mal ejemplo a nadie; ni a los judíos, ni a los no judíos, ni a los que pertenecen a la iglesia de Dios. 1ª Corintios  10:32 (DHH)

Al final, de eso se trata la decencia.

 De ser capaces de vivir sin ofender, sin lastimar:
 Valor moral que nos impide avergonzar o herir la sensibilidad ajena…”
Y en lugar de eso, aprender a lograr que nuestra vida sea un ejemplo para la de los demás:

“Esto manda y enseña. Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.” 1ª Timoteo 4: 11, 12





martes, 12 de julio de 2011

La Razón De La Cruz

LA RAZÓN DE LA CRUZ

Para todo ser humano que ha tenido el privilegio de ser padre, es difícil entender la razón por la que el Todopoderoso Dios no sólo permitió que su unigénito Hijo muriese en la cruz, sino que incluso lo alentó a hacerlo.
Los conciudadanos de Jesús, fueron incapaces de comprender el motivo por el cual aquél a quien habían escuchado decir que podía reedificar el templo en tres días no era capaz de librarse de sus opresores  y descender de la cruz.
Mateo 27: 33  Y como llegaron al lugar que se llamaba Gólgota, que es dicho, El lugar de la calavera,
34  Le dieron á beber vinagre mezclado con hiel: y gustando, no quiso beberlo
35  Y después que le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando suertes: para que se cumpliese lo que fue dicho por el profeta: Se repartieron mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.
36  Y sentados le guardaban allí.
37  Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESUS EL REY DE LOS JUDÍOS.
38  Entonces crucificaron con él dos ladrones, uno á la derecha, y otro á la izquierda.
39  Y los que pasaban, le decían injurias, meneando sus cabezas,
40  Y diciendo: Tú, el que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate á ti mismo: si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz.

Es por eso importante reflexionar en la razón de la cruz. Es decir, en el motivo por el cual el Padre celestial se permitió a si mismo ver morir a su único hijo. Y también en el motivo por el cual nuestro Señor Jesucristo rehusó hacer uso de su poder y decidió permitir que le diesen muerte.

Antes de entrar al desarrollo de nuestro estudio, hemos de recordar: que las cosas del Señor se han de examinar espiritualmente.

1ª Corintios 2: 12  Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo sino el Espíritu que procede de Dios,  para que entendamos lo que por su gracia él nos ha concedido.
13  Esto es precisamente de lo que hablamos,  no con las palabras que enseña la sabiduría humana sino con las que enseña el Espíritu,  de modo que expresamos verdades espirituales en términos espirituales.
14  El que no tiene el Espíritu no acepta lo que procede del Espíritu de Dios,  pues para él es locura.  No puede entenderlo,  porque hay que discernirlo espiritualmente.

Te invito a que antes de continuar la lectura, te permitas el tiempo de hacer una pequeña plegaria pidiendo al Todopoderoso su dirección e inspiración.

Iniciemos entonces nuestra búsqueda de la razón por la cual el Padre celestial y su hijo Jesucristo permitieron que simples mortales condenaran a muerte en la cruz al que había venido a ser el Salvador de todos los hombres.

Pues bien, las Sagradas escrituras nos enseñan que la relación que el pueblo de Israel tuvo con Dios y las leyes bajo las cuales Dios les hizo vivir, crearon una barrera; es decir, una separación entre el pueblo escogido y el pueblo gentil.

Los primeros eran considerados hijos mientras los segundos estábamos huérfanos. Unos eran considerados cercanos, los otros extranjeros.

Mateo 15: 24  No fui enviado sino a las ovejas perdidas del pueblo de Israel contestó Jesús.
25   La mujer se acercó y,  arrodillándose delante de él,  le suplicó: ¡Señor,  ayúdame!
26  Él le respondió: No está bien quitarles el pan a los hijos y echárselo a los perros.
27  Sí,  Señor;  pero hasta los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.
28  ¡Mujer,  qué grande es tu fe!  --contestó Jesús--.  Que se cumpla lo que quieres.  Y desde ese mismo momento quedó sana su hija.

El apóstol lo explica de la siguiente manera:

Efesios 2: 11  Por lo tanto, recuerden ustedes los gentiles de nacimiento los que son llamados  "incircuncisos"  por aquellos que se llaman  "de la circuncisión",  la cual se hace en el cuerpo por mano humana,
12  recuerden que en ese entonces ustedes estaban separados de Cristo,  excluidos de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa,  sin esperanza y sin Dios en el mundo.
Efesios 2: 14   Porque él es nuestra paz, que de ambos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación;

Para derribar esa barrera que nos excluía de las promesas, era necesario pagar el precio de nuestra desobediencia y dado que nosotros no éramos capaces de cancelarlo estábamos condenados a ser hijos de ira.

Efesios 2: 3  En ese tiempo también todos nosotros vivíamos como ellos,  impulsados por nuestros deseos pecaminosos, siguiendo nuestra propia voluntad y nuestros propósitos. Como los demás,  éramos por naturaleza objeto de la ira de Dios.
La desobediencia del pueblo escogido (Israel) y su falta de entrega al propósito que Dios escogió para ellos, generó una oportunidad para los gentiles.
Hebreos  10: 4  Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.
5  Por lo cual, entrando en el mundo, dice: Sacrificio y presente no quisiste; Mas me apropiaste cuerpo:
6  Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron.
7  Entonces dije: Heme aquí (En la cabecera del libro está escrito de mí) Para que haga, oh Dios, tu voluntad.
8  Diciendo arriba: Sacrificio y presente, y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron, (las cuales cosas se ofrecen según la ley,)
9  Entonces dijo: Heme aquí para que haga, oh Dios, tu voluntad. Quita lo primero, para establecer lo postrero.
10  En la cual voluntad somos santificados por la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una sola vez.
Es en este momento, en que interviene el Hijo de Dios. Él no quiso que estuviésemos ajenos a El, y se propuso reconciliarnos (volvernos en amistad) con el Padre.
El Padre acepta nuestra redención por medio de su Hijo, como está escrito:
Colosenses 1:12  dando gracias con alegría al Padre.  Él los ha facultado para participar de la herencia de los santos en el reino de la luz.
13  Él nos libró del dominio de la oscuridad y nos trasladó al reino de su amado Hijo,
14  en quien tenemos redención, el perdón de pecados.
15  Él es la imagen del Dios invisible,  el primogénito de toda creación,
16 porque por medio de él fueron creadas todas las cosas en el cielo y en la tierra,  visibles e invisibles,  sean tronos,  poderes,  principados o autoridades: todo ha sido creado por medio de él y para él.
17  Él es anterior a todas las cosas,  que por medio de él forman un todo coherente.
18  Él es la cabeza del cuerpo,  que es la iglesia.  Él es el principio,  el primogénito de la resurrección,  para ser en todo el primero.
19  Porque a Dios le agradó habitar en él con toda su plenitud
20  y,  por medio de él,  reconciliar consigo todas las cosas,  tanto las que están en la tierra como las que están en el cielo,  haciendo la paz mediante la sangre que derramó en la cruz.
21  En otro tiempo ustedes,  por su actitud y sus malas acciones,  estaban alejados de Dios y eran sus enemigos.
22  Pero ahora Dios,  a fin de presentarlos santos,  intachables e irreprochables delante de él, los ha reconciliado en el cuerpo mortal de Cristo mediante su muerte,
23  con tal de que se mantengan firmes en la fe,  bien cimentados y estables,  sin abandonar la esperanza que ofrece el evangelio.  Éste es el evangelio que ustedes oyeron y que ha sido proclamado en toda la creación debajo del cielo,  y del que yo,  Pablo,  he llegado a ser servidor.

Claro que para aquel que no es capaz de escudriñar las cosas espiritualmente todo esto es una locura:

1ª Corintios  1: 17  Pues Cristo no me envió a bautizar sino a predicar el evangelio,  y eso sin discursos de sabiduría humana,  para que la cruz de Cristo no perdiera su eficacia.
18  Me explico:  El mensaje de la cruz es una locura para los que se pierden;  en cambio,  para los que se salvan,  es decir,  para nosotros,  este mensaje es el poder de Dios.
19  Pues está escrito: "Destruiré la sabiduría de los sabios;  frustraré la inteligencia de los inteligentes."
20  ¿Dónde está el sabio?  ¿Dónde el erudito?  ¿Dónde el filósofo de esta época?  ¿No ha convertido Dios en locura la sabiduría de este mundo?
21  Ya que Dios,  en su sabio designio,  dispuso que el mundo no lo conociera mediante la sabiduría humana,  tuvo a bien salvar,  mediante la locura de la predicación,  a los que creen.
22  Los judíos piden señales milagrosas y los gentiles buscan sabiduría,
23 mientras que nosotros predicamos a Cristo crucificado.  Este mensaje es motivo de tropiezo para los judíos,  y es locura para los gentiles,
24 pero para los que Dios ha llamado,  lo mismo judíos que gentiles,  Cristo es el poder de Dios y la sabiduría de Dios. 

El mensaje de la cruz explica el poder de Dios, es por ello que para sus hijos es importante descifrarlo.

Ya hemos aprendido que el Padre aceptó reconciliarnos con El mediante la intervención de su hijo.

Ahora diremos para lograr nuestra reconciliación, nuestra deuda debe ser saldada y que para ello nos es necesario morir.

Romanos 6: 23   Porque la paga del pecado es muerte…

Pero si para estar en paz con Dios debíamos morir, ¿cómo luego estaríamos reconciliados?, ¿querría Dios estar reconciliado con los muertos?, claro que no.

Debía encontrarse la forma en que pagásemos sin dejar de existir, morir sin perecer o dejar de ser.

Romanos  6:3   ¿Acaso no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo Jesús,  en realidad fuimos bautizados para participar en su muerte?
4  Por tanto,  mediante el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte,  a fin de que,  así como Cristo resucitó por el poder del Padre,  también nosotros llevemos una vida nueva.
5  En efecto,  si hemos estado unidos con él en su muerte,  sin duda también estaremos unidos con él en su resurrección.
6 Sabemos que lo que antes éramos fue crucificado con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder,  de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado;
7  porque el que muere queda liberado del pecado.
8  Ahora bien,  si hemos muerto con Cristo,  confiamos que también viviremos con él.

Entendemos entonces que El tomó nuestro lugar, y al ser crucificado El, también estábamos siendo crucificados nosotros.

Una vez que nosotros fuimos muertos, la barrera de separación desapareció:

Efesios 2: 13  Pero ahora en Cristo Jesús,  a ustedes que antes estaban lejos,  Dios los ha acercado mediante la sangre de Cristo.
14  Porque Cristo es nuestra paz: de los dos pueblos ha hecho uno solo,  derribando mediante su sacrificio  el muro de enemistad que nos separaba,
15  pues anuló la ley con sus mandamientos y requisitos.  Esto lo hizo para crear en sí mismo de los dos pueblos una nueva humanidad al hacer la paz,
16  para reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo mediante la cruz,  por la que dio muerte a la enemistad.
17  Él vino y proclamó paz a ustedes que estaban lejos y paz a los que estaban cerca.
18  Pues por medio de él tenemos acceso al Padre por un mismo Espíritu.
19  Por lo tanto,  ustedes ya no son extraños ni extranjeros,  sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios,

El apóstol recalca que nuestra deuda ha quedado cubierta (pagada):

Colosenses  2:13  Antes de recibir esa circuncisión,  ustedes estaban muertos en sus pecados.  Sin embargo,  Dios nos dio vida en unión con Cristo,  al perdonarnos todos los pecados
14  y anular la deuda que teníamos pendiente por los requisitos de la ley.  Él anuló esa deuda que nos era adversa,  clavándola en la cruz.
Entendemos pues que la razón de la cruz ha sido nuestra redención, y que de no haber muerto Cristo en la cruz, nunca hubiésemos alcanzado a participar de la herencia de los santos en luz.

En gratitud al sacrificio de nuestro Señor y Salvador debemos nosotros procurar vivir para El:

Gálatas  2:20  He sido crucificado con Cristo,  y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí.  Lo que ahora vivo en el cuerpo,  lo vivo por la fe en el Hijo de Dios,  quien me amó y dio su vida por mí.

Ahora hemos dejado de pertenecer al mundo, hemos dejado de existir para servir a las cosas del mundo, hemos muerto para el mundo…
Gálatas 6:14  En cuanto a mí,  jamás se me ocurra jactarme de otra cosa sino de la cruz de nuestro Señor Jesucristo,  por quien el mundo ha sido crucificado para mí,  y yo para el mundo.

El conmemorar la muerte de nuestro Señor en la Cruz no debe ser razón de tristeza, no para sus hijos. Sabemos que el soportó el dolor de su sacrificio teniendo la mirada puesta en la meta, es decir en el propósito que alcanzaba al morir:

Hebreos  12:2  Fijemos la mirada en Jesús,  el iniciador y perfeccionador de nuestra fe,  quien por el gozo que le esperaba,  soportó la cruz,  menospreciando la vergüenza que ella significaba,  y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios.
Habiendo logrado terminar la obra que el padre le encomendó efectuar, nos permitió participar de la herencia de sus hijos, y hoy REINA CON PODER!

Filipenses  2: 5   La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús,
6  quien,  siendo por naturaleza Dios,  no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse.
7  Por el contrario,  se rebajó voluntariamente,  tomando la naturaleza de siervo y haciéndose semejante a los seres humanos.
8  Y al manifestarse como hombre,  se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte,  ¡y muerte de cruz!
9  Por eso Dios lo exaltó hasta lo sumo y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre,
10  para que ante el nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra,
11  y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor,  para gloria de Dios Padre.